Estaba harto de sufrir tales abusos, el dueño gustaba de manosearnos y de satisfacer sus necesidades sexuales con nosotros. Yo no podía soportar que me tocara por lo que clavé una pluma en su pecho pensando en el más filoso de los cuchillos.
Sebastian, el otro niño de la casa, no estaba conforme con lo que habia hecho. Cuando salí corriendo de la casa con mis pies descalzos tomó su bicicleta y comenzó a perseguirme. Como yo era veloz le tomé ventaja. Por el terror tenía la voz enmudecida y las manos me temblaban como gelatina y mis ojos no enfocaba a nadie, buscaba a alguien pero todos me ignoraban por ser un niño. Ví que el negocio de Laura estaba abierto, ahi donde Sofía trabajaba. Me acerqué confundido -Cálmate, no te entenderé si sigues nervioso- me dijo, y con fuerzas desconocidas por mí abrí mi garganta y le dije -Viene a matarme, ahi viene -. Con furia, Sofia me tomó del antebrazo y me escondió en lo más profundo de su casa. Sebastian, afuera a la altura del negocio de Laura, veía como incrédulo que me haya desvanecido pero sospecha en dónde estaba. No es fácil engañar a tal hijo de perra.
Entró al negocio de Laura - Él está aquí- afirma, y Laura y Sofía le dicen que no y pretenden no entender a qué se refiere.-Él está aquí y lo sé, hay sangre en la entrada, sangre de mi dueño- y entonces ellas se ponen pálidas de miedo.-Él está aquí y me lo dirás, sino...- y entonces se avalanza sobre Laura para clavarle la misma pluma quehabía hundido en El dueño. Laura gritó como nunca, la sangre emanaba de sus heridas y ella se cubría el rostro con las manos, se tendió en el suelo gimiendo como animal herido - Ahora entiendes lo que sintió él, si no quieres que te mate, dámelo-.Sofía se quedó inmóbil, perpleja a tal acto violento, pero en un acto de valentía, de aquellos en donde se arma de valor, se avalanzó sobre Sabestián y le clavó una aguja de coser en los ojos. Sebastián no tuvo tiempo de defenderse y la daga sintió carne jóven. Gritó como nunco lo había oído y corrió por todo el lugar dejando marca de su paso -Hija de perra, hija de perra, me has dejado ciego- gritaba y a nadie parecía importarle. Sofía corrió para ayudar a Laura que aún sangraba -Tranquila, conseguiremos ayuda- y fue cuando salí de mi escondite nomas para ver los destrozos de Sebastián, ahora fuera del local, gritando y corriendo sin sentido.
Laura no pudo sobrevivir a la herida que se le infectó. Entonces, decidí quedarme a vivir en el local donde me habían resguardado. Ambos pobres y no teníamos cómo sobrevivir. El negocio fue a la quiebra y el dinero nos hizo falta pero no nos quejamos. Jugué con su pelo a modo de hacerlo mi bigote, y juntos aprendimos a vivir con escaseses pero juntos. Crecimos.
El día en que en la calle me topé a El dueño, supe que las cosas apenas comenzaban, el terror no se había ido y apenas comenzaba...
(luego ocurrió un espacio del cual no me acuerdo, sólo que el dueño me clavaba un cuchillo en el pecho, justo en medio. Entonces desperté sintiendo el mismo dolor del cuchillo. Me reincorporé en mí y me puse de pie, toqué mi frente y salí de mi cuarto. Para mi sorpresa estaba manchado de óleo blanco justo donde me habia tocado, pues había pintado la noche anterior. Me esparcí sin querere por la mano y el cachete, era en sí la "sangre" que había derramado por culpa de él, y el dolor del pecho hacían la situación aún más real aún ya despierto.
En mi cabeza rezumbó un nombre: Julio Serrata, Julio Serrata; y sigo sin saber quién es)