jueves, 29 de octubre de 2009

La graduación de Cristo

Cristo subió al podio para dar unas palabras y fue callado por una muchedumbre que lo "alababa". Entre gritos y tumultos de los ajenos y los no tan ajenos a su persona prefirió callar y dejar que las masas se calmaran. El decano, Poncio, en aquellos tiempos le hizo merecer un gorro de graduación lleno de espinas que se clavaron en lo hondo de sus sienes para dejar correr la sangre preciosa la cual se mezclase con el sudor suyo y de tantos, de saliva de aquellos que le escupieron y las gotas de agua por el llorar de los cielos.

Sus vestimentas le fueron deshechas pues no iba vestido para la ocasión, ir vestido no era la ocasión. De propias manos de sus hermanos de carne recibió clavos que fueron puestos en sus manos y pies; no hubo anillo en su dedo ni un estrechar ni abrazo de empatía. Terminando le dieron su título: Jesús Nazareno Rey de los Judios, justo clavado en el cenit de su cabeza para hacerlo sentir orgulloso.

Tras acabada la ceremonia, listo rindió su mensaje: Padre, perdónalos porque no saben lo que han hecho... y se quedó arriba en el podio vigilando con ojos cerrados viendo el pecar engrandecerse y la muerte apoderándosele. Nadie lo bajó hasta despúes cuando otros más querían ser cedidos de la palabra.

Justo después el mundo olvidó su mensaje.

1 comentario:

* Nay * dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=t7yViVqjQxs&feature=PlayList&p=96C3AEA2E272DBA2&playnext=1&playnext_from=PL&index=50

... esta canción me recuerda por qué amo tanto Barcelona, por que más allá de los buenos recuerdos, y lo que significó en mi vida con mi padre... en todo momento estando allí puedo darle gracias a Dios (sobre todo en esa catedral gótica tan hermosa) y sentir el por qué amo tanto a Cristo, por todo lo que nos dio...

bonito post :)