Una no tan extraña tristeza me consume y prefiero que me decapite en vez de seguir viviendo. Juego a la ruleta del cuchillo en mi abdomen para ver si atina con suerte en donde menos duela, para que la muerte sea precisa, para que la muerte sea la menos dolorosa. Es que me vuelvo loco, me vuelco a los pensamientos que me abarcan y no existen razones para los actos hechos, no hay justificación, no hay motivos, no hay ganas mas que perderse a uno mismo en los caminos propios de la incertidumbre. Y duele, y caen como pesadas paredes los recuerdos sobre mi frágil cuerpo. No soy un humano pues me dan asco ¿qué soy entonces? una especie de criatura insaciable del autosabotaje que se place de verse llorar frente al espejo y despertar llorando pretendiendo ser feliz estos días.
Con la nula suerte que me queda, verás en mi cara esa sonrisa pendeja que se asoma, ignórala mi bien pues no es sincera como tampco lo fui yo, como tampoco lo soy por no saber que lo que busco está en tan fáciles condiciones de ser encontrado pero me gusta hacerme las cosas difíciles. Y destruyo mis sueños como destruyo mis cuadros porque no me importan, porque la inspiración que eres ya lejos se encuentra y mis cuadros no encuentran personalidad ¿quienes son? ¿qué hacen aquí? Son extraños que debo matar.
Hoy vestí de negro un viejo lienzo, y plasmé en él papeles de colores. Intenté tomar a Matisse como método para relajarme y mi cabeza me traicionó. Me salí a correr y corrí de tal manera tan desesperante que rebasé a TODOS más de 2 veces como queriendo que mis piernas terminaran corroídas por la tierra, pero tampoco sirvió pues terminé cansado antes de hacerlo. Regresé y compré unas cervezas para olvidar un poco el tormento que se sitúa aquí dentro, porque así es mi tristeza, viene de fuera y viene de adentro, viene de todos lados porque así es la maldita.
Mi doctora aumentó mi dosis de ansiolítico de 2 a 5 gotas las cuales he ignorado por pensar que no las necesito. Hoy noche pienso que no me harán gran cosa porque nunca me han hecho lo que juraste que harían: ayudarme a dormir. En vez de eso me quedo despierto pensando en lo que me duele, viendo comerciales baratos en la televisión, de esos que venden pura mierda barata que no funciona pero cómo divierten...en intentar leer el libro de Saramago que tanto intentamos leer juntos en aquél parque y que por culpa del calor y los mosquitos no se pudo hacer. Tampoco Fundidora, nuestro planes quedaron truncos derrepente. Y duele.
Y arranco de la testa mis cabellos como signo de desesperación de la cual mi antidepresivo debiera rescatarme y no lo consigue. Caen cabellos que pudiste haber enumerado como ese juego tonto que teníamos de "me gusta tu cabello número 35, me gusta tu cabello número 37, me gusta tu cabello número 21, 000". No lo soporto y te extraño en la forma en que un loco extraña la cordura y el adicto sus drogas. Soy un caos prevenido, soy un caos genético que ya se venía venir. Busco disolverme como si fuera sal en agua por no soportar mi existencia. Si llego a la necesidad, seré como mi tío Ismael, mi esquizofrénico favorito, que se pierde entre la gente para no saberse a sí mismo, tal como pretendo y quiero ser.