martes, 20 de octubre de 2009
Con la simpleza del ido y jugando a ser Ángel
Hace un momento sentí el primitivo momento de mí cuando empiezo a flaquear y comienzo a destrozarme por dentro. Me sentí flotando con esa ligereza característica del "no existo" y me fui volando en pensamientos. Para cuando sentí que debía aterrizar mis sueños, puse pie en la tierra, en las escaleras que llevan hacia abajo al primer piso. Apenas toqué suelo y mis pies se hicieron de agua y escurría de peldaño a peldaño sin obstáculo que me estorbara. Imploré que mis ideas vinieran conmigo pero necias dijeron necesitar de un cuerpo sólido del cuál sujetarse y sin más como aves de lino y tan ligeras huyeron lejos de mi. Como aves que se sienten atraídas por múltiples ramas, tejieron con mis ansiedades sus nidos y sentaron en sus cabidas emociones partes de lo que una vez fuí. Me senté entonces, ahora siendo parte de sus nidos, en las ramas que asoman a tu cuarto y miré con cautela el lugar a donde "nadie" has invitado a visitar, en donde cuentas historias donde no existen corazas que cubran tu delicada piel. Me sentí para entonces, no ese "nadie" a quién dices no haberle contado tus cosas. Desde entonces no siento derretirme más y me basta recordarte para saber que soy, existo y estoy aquí cuidándote.
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