Giran y vuelven y reconocen el camino a casa como perros que se pierden.
Como las horas mismas. La gente son como las horas, se van para no volver,
y al dia siguiente tendremos más horas como gente pero nunca las mismas.
Los niños son los minutos y motivos los segundos que me hacen alegre,
porque una vez fui niño que gozó de jugar con el tiempo a hacerlo suyo,
de mezclarlo con agua y cielo y luces y bocas en forma de sonrisa,
porque la alegría es la forma en que la boca se tuerce de forma amable y gustosa
y se entrega a ese minuto que le place de felicidad.
Los dias son como los perros, a veces, se huelen los traseros para concocerse,
la hora de mi ayer se inmuta con la hora de mi presente y se huelen los segundos,
porque no entiende cómo se hace uno tan diferente con un día que pasa...
Entonces ni el tiempo mismo sabe conocerme, ni el espacio ni el amor saben conocerme.
Pero siempre llegan.
Entonces, bellos momentos que pasamos mis cientos de quehaceres y múltiples amores que llevan el mismo nombre que el mio, tenemos la misma cara, las mismas manos y la misma frente, donde el tiempo hace su plaza y graba como en roca y cincel: Por aquí he pasado, dejando ilusiones, amores, ratos tristez, de dudosa alegrías pero siempre firme, no malinterpretes, sólo paso porque así me han dicho que lo haga. Y lo cumple bien. Las horas se me mezclan, como gente que pasa en la plaza de mi frente.
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