Cada dia, todos los dias, los atardeceres lloran, se miran, se observan como si no se reconocieran y lentos y en silencio se van de la mano, juntos, los atardeceres.
Despiertan calurosos esperando el momento en que el tiempo les diga que es tiempo de ellos. Los atardeceres entonces, con pereza y sin motivos se levantan para darle paso a los ultimos rayos de sol, que se entristece y muda al otro lado del mundo por sentirse despreciado. Y los rayos lloran, y las flores lloran, sus amarillos colores lloran tambien, el calor se les resbala por las pieles y les hace sudar y se confunde sus lagrimas con sudor, y dicen no estar tristes pero lloran. Y las sombras lloran, y los ecos de los arboles lloran porque es tiempo de dormir.
Y entre suenos todos lloran, y esperan que el tiempo les de un poco mas de sol al siguiente atardecer, para seguir gimiendo y sollozando porque les encanta. Les gusta sentirse tristes entre cada atardecer, por eso lloran, para cavar en sus mejillas los surcos que ondean y mecen los rios de llantos. Y los atardeceres se lamentan porque tristes vinieron y tristes se van pero les place hacerlo. La tierra llora tambien, y con ella su sol que la alumbra, las horas tiemblan a los alrededores y el aire huele a llanto, algunas gotas de tu sudor se mezclan con tus lagrimas tambien, al igual que mis horas, que se mezclan con las tuyas.
Asi mismo son mis atardeceres. Tristes que vienen y solos que van, a llorarse. Como tu, y a veces como yo. A veces como ambos, a veces.
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