Te me acercas y el calor se mezcla con el mío. Tu presencia se mezcla con la mía y el compás del movimiento de tu cuerpo coincide exactamente con el mío como una comparsa que no se improviza. El amor que llamamos con lujuria nos conoce y nos hace pensar de la misma manera. Tus ojos se ensanchan para absorber mi imagen y tus manos siguen corriendo mi cuerpo, como criaturas merodeando su guarida, que contemplan y reposan cálidos en lo que ahora llaman hogar, y se regocijan.
Para entonces el sentimiento es mutuo. Ambos jugamos a sentirnos y a no sentirnos para seguir haciéndonos y el tiempo no conoce frontera. El cariño se nos rebala de los cuerpos y decora nuestros alrededores, y el amor se respira con la misma fragancia de tu pelo. Se ahonda mi mano en tu pelo y el latir de tu pecho se mezcla junto al latir del mío.
1 comentario:
Creo que lo mejor es encontrarse al hacer eco en el otro. Alguien que responda con un -siempre- a la pregunta -¿estás ahí?-
Saludos.
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