miércoles, 5 de agosto de 2009

A sentir de Amores. Eduardo Castro

Tan cerca como te me propones, tus manos menesteres en búsqueda de mis tesoros me tocan con ligereza y libertad. Tu cara se acerca sospechosa a mi boca como queriendo robar un beso y lo consigue. El despertar de tu pasión es evidente y en tus ojos se leen las angustias que te sobran como si el tiempo te comiese y debieras aprovechar el último colmo de sabor a mí.

Te me acercas y el calor se mezcla con el mío. Tu presencia se mezcla con la mía y el compás del movimiento de tu cuerpo coincide exactamente con el mío como una comparsa que no se improviza. El amor que llamamos con lujuria nos conoce y nos hace pensar de la misma manera. Tus ojos se ensanchan para absorber mi imagen y tus manos siguen corriendo mi cuerpo, como criaturas merodeando su guarida, que contemplan y reposan cálidos en lo que ahora llaman hogar, y se regocijan.

Para entonces el sentimiento es mutuo. Ambos jugamos a sentirnos y a no sentirnos para seguir haciéndonos y el tiempo no conoce frontera. El cariño se nos rebala de los cuerpos y decora nuestros alrededores, y el amor se respira con la misma fragancia de tu pelo. Se ahonda mi mano en tu pelo y el latir de tu pecho se mezcla junto al latir del mío.

1 comentario:

brainvoid dijo...

Creo que lo mejor es encontrarse al hacer eco en el otro. Alguien que responda con un -siempre- a la pregunta -¿estás ahí?-

Saludos.