Soy un teatro terrible de esos feos y de mala hondura. De los que cobran barato pero pagan caro sus actos. Mis funciones son diarias y en bambalinas suceden lo que en mi cuarto a solas y a puerta cerrada, es un misterio.
Soy el teatro amargado de liturgia y horrores, de búsqueda y pérdidas, de encuentros esporádicos con la gloria y frios tropiezos. Soy el teatro de cortina de papel china, traslúcidamente turbio y de ruptura fácil. Soy la butaca incómoda y casi rota por el pobre mantenimiento. Soy yo un hombre de teatro, uno que apenas enciende luces para la función...bienvenidos.
Soy un niño, el hombre-niño terrible y mimado.
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