Las paredes de mi casa son más expresivas que mi psicoanalista. Al menos ellas no bostezan en medio de tu sesión en muestra de aburrimiento y quizá un grado de desinterés. Las paredes de mi casa visten dibujos mios, se incriminan con cuerpos de insectos aplastados y alguna que otra mancha de zapato, pero no se aburren de mi.
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