Con la mochila en la espalda, una mega chamarra que me elvuelve como taco y mi humilde gorra que dificilmente me tapa del frio, ese era todo mi equipaje. Dormimos en camarotes para 2, camas literas, muy reducido espacio y en el piso del fondo del barco, casi sentías, aunque oías las olas romperse. Dos días sin bañarse, y claro que sudamos, el barco tenía casino, dos clubes, alberca y un restaurante buffet y uno que parecía hecho especialmente para los de segunda clase, donde la comida por más no era tan barata pero tampoco sabía buena. Ayer se me ocurrió comer un tipo Sandwich pequeñito, no supe si era estilo Sueco o Latvio, pero tenía huevo, tomate, lechuga, pepino, salami y un pan duro y frío que me hacía recordar: Si, sólo te costó 27 SEK ($48 MXN), y que con el té de jamaica en una micro taza que costó 18 SEK ($31.5 MXN), se convirtió en un desayuno digno de un mochilero, de $80 MXN que dificilmente me tapó una muela.
El primer día bailé sólo en el antrillo, extrañamente no les gusta bailar a los demás. Pero el segundo día estuvo mejor, conocí a Rachel, de New York y me enseñó a bailar su Estilo Neoyorquino, +1 para ya mi extraña forma de moverme, mezcla de reggaeton, tektonic y new yorker. Ya una vez en Riga, habia tantas cosas que hacer, pero nadie quería ceder en las decisiones, terminamos haciendo pequeños grupos y cada quien se fue por su lado. Yo me fuí con Elife (Turquía) y Hanes (Alemania), se nos ocurrió subirnos a la Torre del Riga Dome, hermosa vista de toda la ciudad desde lo alto de la Catedral más antigua de la ciudad. Bajamos, y un señor me regañó por estra chiflando el Ave María, jeje, no fue mi intención.
De tanto caminar a uno le entra el hambre muy rápido, y como no queriamos gastar, nos fuimos a una tienda tipo Walmart pero más pequeña, llamada RIMI y compramos jamón, queso y un baguette, 2 botes de agua y listo. Nuestro mejor banquete para ese día. Hay tantas cosas que contar, tantos lugares: Monumento a la libertad de Latvia, el SKY BAR, gente tirada en el suelo no queriendo que los levanten, unsa señora con la falda abajo en medio de la calle, Nosotros brincando bardas para cruzar una avenida, qué viaje...
Las cosas que valen la pena en la vida, no es lo que pueda comprar o la comida que tengas que quitarle a tu compañero de al lado para sobrevivir. Todos aquí somos extraños, pero jugamos a entendernos, y ¿por qué no? A querernos cuando sabemos que estamos lejos de todos los que nos conocen. Que vida, que viaje, que lindos recuerdos. No me queda más que decir: Vida, te amo, gracias.
1 comentario:
me gustó tu mini epopeya
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