miércoles, 11 de febrero de 2009

De cabeza al suelo y el alma por los aires

Desperté para despojarme del alma que me estorbaba, me marcaba el paso pesado y me hundía cada vez que andaba. Decidí dejar de caminar y mejor me detuve y pensé que mis manos merecían regresar a sus funciones simiescas. Entretenida forma de renovarme ancestralmente. Con ganas de lanzar un rugido que se hiciera oír a lo largo y ancho de las calles, me contuve para no llamar la atención. Si bien, el material extraño que me cubre, de una planta, dicen los brujos, hace llamarse algodón, tiene propiedades místicas. Siento que calor emana de sus fibras y me mantiene sedado, como perro en vientre de su madre, y me acobijo y sumo en un letargo de aquellos que me hacen sonreir.

Pero no era suficiente, me despojé de mis trapos para dejar la piel a mi intemperie, que sienta el aire frío, el que antes de regresar a ser humano-humano, me molestaba. La sustentabilidad existencial me invitaba a retomar los sentidos salvajes que por ira y molestia de muchos, me habían quitado desde que era un niño. Ahora, retomé mi desnudez para que el mundo pueda ver lo que traigo puesto; esperaré sentado a que el pelo crezca y me quite este frío que siento. No hay por qué matar a un hermano animal, culpa no tiene que su "no" evolución le tenga mejor adaptado que a mi, el "supremo".

Lanzaré gruñidos a modo de inventarme un lenguaje, donde sólo exista "si", "por favor", un "te amo" y un "quédate conmigo". Para que todos los dias podamos conversar:

-¨Te amo, por favor, quédate conmigo, ¿si?"

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