viernes, 13 de febrero de 2009

Tengo ganas de arrancarme la carne

La vieja piel se resiente como todos los días pero hoy no se encuentra. Me sentaré a meditar, tratando de elevar mi presión interna, debe ser una forma sencilla de abrirse grietas y que el cuerpo respire. O si el plan falla, a pedazos me arancaré lo poco que tengo, y con músculo en mano gritaré triunfante porque me pude librar del veneno y lascivia, tanto mía como de todos.

Me volveré tan ligero que podré diferenciar sobre cuerpo y alma. Puedes ocupar mis restos y hacerte un lazo para el pelo con mis venas, teñir tus ropas deslavadas con rojo-mi-sangre y usar mis huesos para aquella mesa que se tambalea. Te seré útil de alguna u otra forma. 

Me hincho, no lo ves pero me hincho. El cuarto me queda pequeño, la ciudad me queda pequeña, mi cuerpo me queda pequeño. Hasta ahora me he sostenido bien, mis pies siguen en la tierra, donde un día los dejé.

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