"Qué veo!?" dice, miente en el pecho que no ha de morir, dice guardarse para aquel arrebato de lo que ama, que le valga la pena, y cuando entiende que lo que viene, va, se recuerda que es sólo un buen hombre. "Despídete-me dice- no estamos tanto tiempo como había pensado, es una promesa, insoportable". Como aquellas fachas, se le hace ligero el paso, es cuando viene a entender que el tiempo muerto es su arrebato, bien.
Como esperando, Berdo, espera encontrarnos, pero si, cuando la vida pensaba se le iba en contra, como cualquiera que hace por defenderse, un instante, es lo que lo priva y frustra. Berdo, no hay razón para ponerte triste, si contar tus historias te invita a la eternidad, a buscar un nuevo camino, uno mejor en el que sombras y trenes no enmudescan, por ahora.
Pensaba que el despliegue de lo eterno era imposible, ahora me has enseñado que el perder el miedo es lo primero. No estaremos triste, espiaremos en el recuerdo, en segunda fila, para pasar desapercibidos. Que sea triste...nunca. Nunca.
No es un segundo cuento, pero, dícenos de aquello que nos gusta, no es eterno, no, él nos dice "Encantado, gusto compartir mi vida contigo", por ahora.
Veelo, morir en su tumba, feliz. Por fin, Vive.
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