lunes, 1 de noviembre de 2010

La calle donde me enamoré


Vienen bajando de la calle de los faroles, sobre los adoquines adornando las banquetas, los amantes. Postrados en sus hombros se dicen palabras secretas, de esas en códice de enamorados que nadie entiende. El embrujo de la calle en donde me enamoré envuelve y atrapa a otras personas que encuentran en sus rincones de avenida nada más ni menos de lo que necesitan. La calle donde me enamoré tiene todo lo que busco y a la vez se esconde por celosa, mi calle, la misma buena y desquiciada revoltosa de cemento, piedra y polvo que brota de los pasos de los transeutes.

Los faroles son tu oreja que escucha los besos de los que recuerdan al amor y se besan y entrecruzan en un abrazo, de esos que crean celos por no tenerse a nadie. Pero ese es tu encanto, mi calle, del que todos acuerdan y asienten.

Calle mía, vacía de noche y otras cuantas de día. Calle mía, te quiero tanto.


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