martes, 23 de noviembre de 2010

El relato

"El rincón de lectura" (fragmento) por Eduardo Castro

La historia de estas criaturas cuenta las ganas que encuentran uno del otro. Se intentan mirar fijamente, con las pupilas desviadas hacia extremos que en realidad no se tocan aunque sus cuerpos se entrelacen. No importa que haya más de uno mirando si los ojos son para eso, ni las bocas abiertas de los enfermos que como marinos tejen nudos entre palabras. También la boca fue para eso: despedazar almas y besar suavemente. Mira, tienen un dedo de frente para nosotros y si bien el rojo que les clama les irrita la mirada con mayor razón vale su enojo. De ironía nos valemos y para eso prefiero comerme una mano y que otra me haga cosquillas por dentro, aunque mi cara muestre una muerte clara y evidente y sin ganas de que encuentres que no me causa risa.

Por otro lado, llegan de imprevisto los tragaestimas devorando autoestima de todas partes porque a eso se dedican y soy la fuente de donde se alimentan y aunque duela mira más de cerca: las manos no retiran a los agresores aunque la lágrima azúl esté rodada (-no más-). Y ellos bailan, danzan y se masturban festejando la victoria de un suculento banquete de nada productivo si mañana estarán hambrientos nuevamente. Entonces viene el clamor de un bosque solitario con una banca única reservada para tu persona. Sigue vacío y los troncos vistiéndose de colores y ramas alzando hojas para ver si te animas nuevamente a sentarte en este lugar que tanto te sigue esperando. Pero si bien con el otoño viene el invierno y con los días algunos recuerdos tristes: mis hojas me han fallado y siguen pegadas a sus ramas. Para solucionarlo pinto colores definidos por la teoría del azar y lleva por nombre la única medicina que funciona.


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