miércoles, 10 de noviembre de 2010

Carta a mi corazón:

Te encanta, órgano mio, te encanta verte dolido y que te hieran. ¿Qué no ves que ya estás bastante lastimado? No sigas ¿quién jura que vale la pena? ¿Por qué empeñas en seguirte hiriendo? ¿Quién te amerita? Por favor, escúchame, órgano mio, has dejado llevarte por un amor loco que te sirve de escape para desbordar esos sentimientos tuyos. Tíralos, échalos para afuera que aquí dentro se están pudriendo y te hacen tanto mal. Tú que controlas el ritmo de mi pecho, te me desbocas cuando apenas pienso en aquello, aquello tan lejano y consistentemente doloroso. Me rasgo, soy de papel y soy un papel rasgado. Soy tiras -de papel- soy fuerte y débil, soy quien quieres olvidar, corazón yo te ayudo, aunque no quieras, aunque no veas que lo hago por ti.

Son arranques de locura, órgano mio, pensé que te había curado pero tú no sabes de olvidos. A ti se te encarnan sus ojos, y su boca sigues queriendo sentirla. Ya dejalo a un lado. Nadie depende de tí, órgano mio, nadie quiere ver por tí (ahora), siéntete en el olvido, márcate una cruz y que nadie te quiera y te vean como a un infectado, como a un rechazado, como al que nadie debe querer porque no sabe ser querido. Muérdete las venas, corazón, que ya estás bastante herido.

Si doy un paso más en tu nombre, corazón, verás que estaré muerto (por dentro).

Tenme tantita lástima, corazón, porque perdón ya te he pedido.

No hay comentarios: