
Tuve la oportunidad de ir al panteón de Dolores a dejar unas cuantas flores a tumbas que no tenían nada. Cuando mi madre mi preguntó lo que hacía le dije que si fuera un muerto sentiría muy feo que mi tumba estuviera vacía al ver las otras llenas. Creo que me entendió y aprobó lo que hacía. Además no es el primer año que lo hago pero si la primera vez en Monterrey. Amo el color de las flores: moradas, naranja y de amarillo se vistió el panteón. De globos y mariachi el aire, algunos prefirieron llevar banda. Los niños voluntarios ofreciendo lavar lápidas y fuera del camposanto los delirios de los comensales: chicharrones, elotes, esquites, raspados, platanos fritos, dulces.
Aprovechando que había comprado flores aparté algunas para poner mi propio altar improvisado pero quedó bastante bien: manzanas, chocolate, pan de dulce, café, tequila y frijoles, son algunas de las cosas que mis abuelos acostumbraban a gozar. Faltan los cigarros para mi abuelo David y la caña de azúcar para mi abuelo Demetrio. El pan y café son para mis abuelas Lilia e Isabel.
Amo el 2 de noviembre, día de muertos.
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