Ya no puedo seguir viendo la vida como la misma rutina de abrir los ojos cada mañana. Para mi es más que eso. Para mi, la vida es cada segundo que el tiempo pasa, sobre mi o mis acciones, las palabras que digo, los lugares que visito, la gente que comparte conmigo, todo es vida. Tan llenos nos decimos de vida y no sabemos definirla.
La vida me es grande, me duele, me obsesiona y me alcanza. Son todos esos ratos de destellos que pasan frente a mi y de los que quisiera no darme cuenta, porque la vida es cruel. Porque ella se alimenta de mis acciones, lo que yo hago alimenta a la vida: si dejara de respirar, la vida moriría. Entonces ¿por qué me siento tan atrapado a ella si ella depende de mi?
Te doy libertad vida, de dejarme si en esta noche te place. Si quieres de mí aléjate y no atrevas a volver, porque muerto es como se complace la muerte de su propio triunfo sobre ti, si con el Hades que llevamos dentro, mi carne se estremece por sentirse fuera de lugar, si es contigo no con quien encuentra su pureza, sea sin ti con quien encuentre la paz.
Si por paz, mi alma se desquite del mundo gozándose de ausencia, no seré en ti, vida, que busque, capaz, una forma de vivir. Entonces me veo obligado a colocarme en un estadío moribundo y conciente de aquello que llamaré Austera. Si con ella, no sentiré más dolor ni ausencia ni falta de alegría, viviré en mi Austera feliz. Pero como a toda parte, le viene su forma anversa. Entonces mi Austera se encontrará inevitablemente con la Vida, y se converetirán en mi Ying-Yang de todos los días. Porque la vida no sabe vivir sin su tristeza.
Debo pensar, mejor, que la vida no está hecha por completa, ella misma aún se inventa para que podamos vivirla, ni la vida es por si misma algo que ella pueda entenderse. Todo en la vida son momentos fuertes, hay que saberlos llevar, por mas fuertes o débiles que seamos, por que la vida no está en un sólo momento, aunque nosotros si; ese momento que es la vida misma.
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