Ya casi se me agotan los talones, es tiempo de ir nuevamente al cielo por un nuevo par de pies, porque los que Dios me dió, se están quedando planos de tanto andar. La suela se desquebaja en retazos, la piel se me escama, la sangre que con recelo guardaba como mía se está haciendo de todos, y a la vez de nadie porque nadie la quiere. Tan sucia mi sangre, ¿quién la quiere? La vendo al mayoreo, por docena o por litro, ¿quién da más? No te peleas, seguramente tendrás tu cachito de mi.
Por más que -nosotros- lo intente no hay excusa para no tener que pasar por el cobro del destino, me reclama los centavitos de alegría que em he ganado con tanto esfuerzo. Estoy pensando en no pagarle, mucho he vivido y en tan poco tiempo que me merezco tener algo para mi. Qué injusta que todo de mi quiera y con nada me deje, si no, qué otra cosa podría darte sino mis miserias emotivas.
No, te mereces lo mejor que tengo, y para eso, lucho cada día con la vida para que me siga guardando Alegre. Te prometo, que en mí está que de mi alegría te contagies como virus de gripa pero de una gripa alegre que te haga sonreir, porque más vale para mí que tengas alegría en tu vida, a que tengas más días, como tal.
Mírame, que si yo hago las muecas que llamas sonrisas, será porque me es fácil conseguirlas. Te las regalo, tómalas...son tuyas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario