lunes, 13 de diciembre de 2010

Si hablo en lenguas humanas y angelicales,
pero no tengo amor, no soy más que un metal
que resuena o un platillo que hace ruido.
Si tengo el don de profecía y entiendo todos
los misterios y poseo todo conocimiento,
y si tengo fe que logra trasladar montañas,
pero me falta el amor, no soy nada.
Si reparto entre los pobres todo lo que poseo,
y si entrego mi cuerpo para que lo consuman
las llamas, pero no tengo amor,
nada gano con eso.

El amor es paciente, es bondadoso.
El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso.
No se comporta con rudeza, no es egoista,
no se enoja fácilmente, no guarda rencor.
El amor no se deleita en la maldad sino que se
regocija en la verdad. Todo lo disculpa,
todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor jamás se extingue, mientras el don
de profecía cesará, el de lenguas será silenciado y
el don de conocimiento desaparecerá.
Porque conocemos y profetizamos de manera
imperfecta; pero cuando llegue lo perfecto,
lo imperfecto desaparecerá.
Cuando yo era niño, hablaba como niño,
pensaba como niño, razonaba como niño.
Ahora vemos de manera indirecta y velada, como
en un espejo; pero entonces veremos cara a cara.
Ahora conozco de manera imperfecta, pero entonces
conoceré tal y como soy conocido.
Ahora pues, permanecen estas tres virtudes:
la fe, la esperanza y el amor.
Pero la más importante de las tres es el amor.

1 Corintios 13:13

1 comentario:

Gaby dijo...

Se nota que si pusiste atención.