sábado, 4 de diciembre de 2010

Ódiame, por favor, yo te lo pido,
Ódiame sin medida ni clemencia
¿Odio? ¡Quiero más que indiferencia!
Porque el rencor hiere menos que el olvido.

Si tu me odias quedaré yo convencido
que me amaste, mi bien, con insistencia,
pero ten presente, de acuerdo a la experiencia,
que tan sólo se odia lo querido.

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