lunes, 6 de diciembre de 2010

Yo, ciertamente.

Hace mucho tiempo que recopilo información en mi cabeza para saber cómo ser y entenderme. Recuerdo desde tiempos muy atrás las cosas que han hecho de mi persona una persona y no gente. Recuerdo haber sido abusado por brabucones en la secundaria y preparatoria, defenderme de ellos y sus ofensas, de ser mirilla incluso del maestro de educación física quien una vez se burló de mí en un recreo frente a toda la escuela. A Ariana que me llamó Pinche Cerdo fuera del salón de primero de secundaria. Cuando la prefecta se dirigió a nosotros, una bola de 10, pesando que veíamos una revista para adultos cuando veíamos en realidad una revista Nintendo y discutíamos los Pokemones que habiamos atrapado en el videojuego. De las fiestas en casa de Varela y algunas reuniones en el billar que está sobre tránsito. De la diversión vacía de dar vueltas en el malecón, de los Año Nuevo que pasamos en el malecón aún a sabiendas que siempre llueve y la neblina nunca deja ver el sol de enero.

Que discutí muchas veces con la directora porque abusaba de mi voz para ponerme en todo evento que se le ocurriera, interfiriendo con mis clases pero nunca con las de su hija. Peleamos porque me negué a trabajar en esas condiciones. A Don Davor que me regañó por azotar las rejas de la escuela. A la maestra Norma cuando le dijo a Chepina: Entreténlo, porque nos sentabamos solos en la escalera, yo acostado en sus piernas. De la vez que peleé con ella almendrazos y por eso nos dejó el camión, cuando jugamos con la lluvia dejando la ventaba abierta y dejando que entrara agua al salón siendo que después nos regañaron y obligaron a limpiar el piso. A mi pobre huerto de tomates ubicado en la azotea de la escuela, proyecto que era de todos pero nadie quizo hacerse cargo de las plantas. De las veces que cuando me enfermé de la panza (en mis inicios de colitis nerviosa), prefería irme a los baños de primaria porque siempre estaban vacíos (lo confieso). De las veces que salí a la tienda y tomé tantos Senzao Guaraná que empezaron a provocarme dolores de cabeza.

Mas atrás, de cuando pequeño (8 años), me propusieron matrimonio y dije que no. De cuando participé en una obra teatral interpretando al otoño y vestía una túnica café brillosa con hojas secas colgando, diseño de mi madre. De mi pastel de cumpleaños y de la foto que es evidencia de que apagué las velitas estando desnudo. Cuando me encantaba jugar en mi chapoteadero con mis Simpsons de plástico, regalo de mi primera comunión. De haber preferido jugar nintendo en el cuarto de mis papás en lugar de estar en mi fiesta de comunión. De las incontables veces que Yunuen y yo ignoramos a Armando. De cuando su perro me mordió 3 veces y en una tuvieron que inyectarme contra la rabia.

De tantas cosas que he vivido, y faltan muchas muchas más por describir en este espacio: recientes, muy recientes que valen la pena pero me falta inspiración. De las cosas que han marcado mi vida y que irán conmigo seguramente hasta que muera, no tengo duda.

No hay comentarios: