Desperté desconcentado y volviéndome a tapar con la increíble colcha que producía mucha estática. La ventana seguía abierta y la música se oía a lo lejos. Preferí dormir.
lunes, 13 de diciembre de 2010
El sueño en el sucio hotel
Anoche tuve un sueño bastante interesante. Estabamos muchas personas dentro de un edificio situado en una playa, éste era muy parecido a una bodega de aviones con paredes hechas de cristal, sin puertas aparentes para salir. Se nos advirtió que no salieramos, eramos muchos extraños dentro de ese edificio. Derrepente empezaron a suceder catástrofes a las personas del exterior: una nubes de tormenta empezaron a formarse y los truenos comenzaron a caer sobre la gente, la tierra convulsionó y se partió en dos, el agua abandonó la orilla de la playa y comenzó a arrasar con los bañistas llevándoselos mar adentro sin distinción alguna. Algunas olas pudieron entrar al edificio que nos resguardaba a algunos y podíamos sentir en nuestros pies la fuerza del golpe del agua y era tremendo, no comprendíamos cuál sería la fuerza total. Derrepente los gritos de algunos de nuestros compañeros dentro de la bodega se hicieron escuchar pues había un cocodrilo gigante mordiendo a gente en la arena, era muy diestro partiendo cuerpos humanos y lo hacía con una voracidad peligrosa. Otros advertían de un tiburón blanco de mandíbulas impresionantemente grandes. La criatura mordía a cualquier persona que estuviera en el agua y la sangre teñía de rojo lo que alcanzabamos a ver. Entonces...el escenario cambió: todo dentro de la bodega tenía un tono cromo futurista, con mesas de servicio flotando, transporte flotante, muchas luces brillantes pero alguien de nosotros, humanos, irrumpió nuestra vista y dijo que tuvieramos cuidado con nuestras familias, que no eran quienes pensabamos que eran. Y entonces aparecimos en cuartos parecidos a comederos como los de las galerías de aquí de monterrey. Y ahi estaban todos nuestros seres queridos, yo reconocí a mis sobrinos Alfonso, Alejandro y Luis. Tenían un aspecto terrible, de piel fría y mate. Jugaban en un triciclo y sus ojos eran rojos, como luces de emergencia. Yo los abracé con ese amor de a quien no se ha visto por mucho tiempo y ellos simplemente hicieron esa mirada indiferente, me advirtieron que comenzara a correr, les dije que no lo haría y bajaron de su triciclo y comenzaron a golpearme, no con fuerza de niño, sino con fuerza de odio de un adulto. Entonces vi a mi alrededor y noté que mis compañeros intentaban destruir a esas cosas que se hacían pasar por nuestras familias. Eran androides que buscaban matarnos, al igual que los de la playa pero con juegos que involucraban el amor a nuestras familias.
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