viernes, 6 de marzo de 2009

Mi pequeño barco azul

Mi barquito azul, mi barquito zarpa, pequeño pero con las velas abiertas hasta donde la tela permite. Se mece, se menea y planea con destreza de ave en cielo y pez del mar. Se concentra en su arribo a la costa más cercana, sueña con ella y la ve.

De sus amarras se han soltado varios cabos pero nada que no pueda reparar, su tripulación de ensueño así se ha quedado, en sueños pues mi barquito va consigo. Mi solito barco azul.

Y sube, baja, se mece a su derecha y a su flanco izquierdo y repite sus movimientos al capricho de su hermosa agua que lo galopa. Fría su mano lo lleva a su costa más hermosa, a la que ha reservado para el pequeño barco azul mar y azul cielo. Algo tiene que al mar le agrada éste barco, quizá sean sus risueñas ventanillas y chapitas de corales que le adornan la cubierta. El salitre le viste de blanco las enaguas y, el barquito, coqueto se desviste el metal de su ancla para refrescarse.

Las gaviotas le ayudan a buscar el camino a su costa prometida. Algunas malvadas defecan en sus sienes, pero el mar gustoso le quita lo sucio y brilla de nuevo mi barquito azul. A lo lejos, se ve la orilla llena de gente que lo espera. Abren sus brazos como queriéndolo abrazar tan fuerte y mi pequeño barco se sonroja tanto, que de azul pasa a azul violeta. Con el sol quemante se broncea y se engalana para ser recibido. A tres leguas del arrivo se escuchan los gritos bravíos de los lugareños, ya te habían extrañado barquito. Ahora dales tu tesoro, que descubran que a bordo de ti, está la tripulación de ensueño que en sueños espera. Pero dáselos. Ellos que tanto te aman. Sonríeme, te estaba esperando. Gracias por venir.

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