Abrí la llave del agua caliente y dejé que recorriera mi cuerpo. Me recosté en mis muslos agachándome hasta tocar el suelo y cerré mis oídos para sólo escuchar el sonido de mi interior. Encontré claramente que había un eco sonoro y hueco que ahondaba y revotaba por todos mis rincones. Para cuando el sonido había enmudecido, ya había pasado mucho tiempo, no fuera, sino dentro de mi.
Encontré...no encontré nada, pero encontré.
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