martes, 14 de octubre de 2008

Siguiente Estación y el Viaje Termina

Apenas había bajado del remolque que tan amablemente me había acercado al pueblo de Akana, a lo lejos la gente aún no se divisaba bien, y una hormiga odía confunirse con ellos. Vaya, caminar no era mi fuerte y menos cuando en mis años de juventud mi rodilla habría sufrido los golpes del Americano, pero esos días ya estaban lejos y debía olvidar ese dolor por mi bien. Con el trote más presuroso que encontré en mis energías alcancé las faldas del pueblo por eso de las seis de la noche. Algunas mujeres aún tendían ropa de niños traviesos, y aún esos jugaban pacifistas con su pelota de ramas y papel.
-Buenas tardes - Me referí a la amable señora de edad entrada a los 60 que estaba sentada fuera de su casa de Adobe - ¿Dónde puedo encontrar la estación Ikano?
-Usted no es de aquí, lo sé porque si lo fuera, sabría que el tren tiene más de 20 años sin pasar por éstas vías.
-Válgame, y hay alguna otra forma de llegar a Bhonoro?
-La única forma de salir de aquí es caminando apenas a las 5 de la mañana, tiempo suficiente para que pueda llegar al anochecer y vivo a Bhonoro, así, los lobos no le comerán en el camino.

Anciana vieja, los lobos de la región de Anaka llevaban extintos más de 15 años. Creo que la guía de viajero me había sentado bien, al menos era mi única forma de descifrar que aquellos pueblerinos estaban peor que rezagados en el tiempo.

La anciana me invitó a quedarme a dormir en su cabaña, decía que los lobos vendrían por mí y se comerían mi alma. Lobo, no me comas.

La cena que me ofreció la anciana era una mezcla de panza de borrego y cuero de gallina, la verdad es que no sabía muy bien lo que era pero no sabía tan mal. Al menos calmó mis propias trippas de la guerra campal que tenían, y las apasiguo para bien mio. Me invitó a dormir en el petate que yacía olvidado debajo de su cama, quitarle el polvo, ponerle una almohada y eso era suficiente para dormir.

A la mañana siguiente pregunté a más gente si el tren aún pasaba. Si, el tren seguía pasando y e advirtieron que la vieja Bertha ya no estaba tan cuerda como cuando jóven, pero su hospitalidad se le agradecía con el alma, pues salvarme de lobos imaginarios había sido su más grande azaña en las últimas décadas de su vida.

Tras caminar a paso apretado, tardé 2 horas en llegar a la estación Ikano. Era vieja y con maderas a punto de caer por las termitas y los estragos de la intemperie. No hay quejas. El tren llegó un poco atrasado según el itinerario marcado en la puertezuela de la oficina. ¿Quién pudiera quejarse si casi nadie quiere salir del pueblo? Yo sí. Habiendo llegado el tren y habiendose detenido por completo, el encargado de los boletos me vendió el pase más barato que tenía, los lujos no son lo mío y sólo necesitaba irme para llegar temprano a Bhonoro. Me senté a para ver los paisajes de árboles robustos, las vacas pastar junto a la ovejas, y el fresco y frío aire de la mañana aún soplaba. El sol resplandecía como nunca y los chirridos de las ruedas del tren junto a las vías recordaban una canción de los 60's.

Pasamos las estaciones de Hagura, Freunde, Astora y Niente; y me dije a mi mismo: Siguiente estación, y el viaje termina.

2 comentarios:

brainvoid dijo...

Me recordó un poco al cuento de "El guardagujas" de Arreola. ¿Lo has leído? Si no, te lo presto luego. Y también en parte a las historias encontradas en "Si una noche de invierno un viajero" de Calvino, igual te lo presto luego.

Bueno, todo eso fue para decir que me gustó tu relato.

Ah, y Freunde no es felicidad, como mi mala memoria recordaba, sino el plural de Freund, que en nuestra lengua quiere decir amigo.

brainvoid dijo...

Mira, mira... lo encontré.

http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/esp/arreola/guarda.htm

Léelo si tienes tiempo.

¡Saludos!