Sofía se centraba en el pequeño bulto de su seno izquierdo. En la mañana no lo tenía, pensaba ella, y por más que intentara imaginar que aquella bola invasora no estaba, lo cierto es que estaba, y había llegado para ser su compañera. "No creer" no es igual al "no existe", pensar que no estaba no haría que se fuera, por más que rogara, por más que pidiera, pero ¿A quién, Sofía, cuando no crees en nadie? En nada.
La calma no era más una ayuda y pensar que a sus cortos dieciseis le pudiera estar pasando algo así le aterraba. Las hormonas descarrilándose habían llevado a su pequeño seno 32-A a convertirse en una masa tumoral creciente.
¿Qué harás, Sofía, para sentirte bien mañana?
No importa, quizá mañana siquiera exista.
Aquí estaré, Sofía, no te preocupes, para seguirte inventando historias más felices en donde vivas más allá de tus 16. No te apures, no dolerá. Si por cuánto duela, cerraré este capítulo antes de que algo malo te pase, y te veré, cuando pueda, para decirte que las cosas van mejor. Cuida tu seno. Que esa inocencia tuya de mujer inmadura no se lleve lo que aún no llega, lo tuyo, que aún viene y espera lo que vendrá.
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