Le pregunté su nombre, su edad y si me podía dar algún numero telefónico. Ella me dió el numero de su casa y me dijo que preguntara por Hilda. Me repitió su numero varias veces y en ocasiones lo olvidaba creo que por la conmoción. Me metí al 7 eleven que estaba cerca de la parada de autobus para evitar el ruido de los carros allá afuera en la calle. Cuando Hilda me contestó me inventé la forma de darle la noticia de que su madre estaba herida, creo que nadie nos esperamos recibir llamadas de esa naturaleza. Le di el nombre de las calles en donde nos encontrabamos, Hidalgo y Pino Suarez, ahi frente al Mc Donalds por donde pasa el Ruta 1 que me acerca al Tec. Hilda me preguntó que si la ambulancia que habiamos pedido le costaría a lo que le contesté "no", que sería "quizá una remuneración de agradecimiento". Me intriga saber el por qué no me preguntó si su madre estaba bien y prefirió saber si sería capaz de pagar al doctor y el transporte.
Para la fortuna de Teresa frente a nosotros se paró Ruben Silva, el taxista que se ofreció a llevarnos a la Cruz Roja más cercana y sin cobrarnos. Me emocionó saber que existe gente (aún) que le preocupa otra gente. Manejó rápido hasta la altura de Colón. Llegamos a nuestro sitio y nos metimos al estacionamiento que decía "Exclusivo Ambulancias" pero no nos importó, nos recibieron 2 enfermeros y sacamos a Teresa del auto con cuidado porque decía le dolía el hombro por aquel golpe. Un enfermero corrió por una silla de ruedas y sentamos a Teresa para que no estuviera de pie. Ya sentada nos dijo que estaba muy feliz de haber podido contra con nosotros y nos dió su bendición. Ella besó mi mano y la de Rubén, para lo cual respondimos besándole la frente. El enfermero dijo que estaría bien y la alejó de nosotros para meterla al edificio -Teresa se despedía de nosotros.
Rubén se ofreció a llevarme a aquella esquina en donde nos habiamos encontrado gracias a Teresa pues dijo que era lo menos que podía hacer para recompensar mis actos. Llegando al lugar (Pino Suarez esquina c/Hidalgo), aun pude ver el charco de sangre que brotó de la cabeza de Teresa y la gente pasaba con el desconocimiento de lo que minutos antes ahí había pasado. Me recargué en la pared como cuando estaba antes de lo sucedido. El camión esta vez no tardó en pasar, me subí, pagué mi boleto enseñando mi credencial y me senté para relajarme un poco. Tiempo después empezó a dolerme la cabeza por la fuerte impresión de aquel momento, pero no me arrepiento de haber estado para ayudar.
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