viernes, 9 de abril de 2010

El cuervo entre otras cosas

El pequeño cuervo llora antes de que le saquen los ojos. Se va despidiendo de las lágrimas que quedaron guardadas, quizá luego, cuervo, tengas la oportunidad de llorar pero no hoy porque hoy te necesitan con semblante de piedra. Lástima que las piedras también lloran cuando se están solas a un lado del camino. Y si el viajero las patea se sienten queridas aunque despreciadas por botarse en otra cañada. No fuiste lejos nisiquiera un espacio significante lo cual te vuelve un inválido.

Tanto esperar para que al espacio caído sea aún más pequeño. No sufras, la vista es mejor desde este punto y el viento pega menos, te salvará de la erosión que mata, te servirá de refugio contra los cuervos que quieran comerte para anidar en su panza. Si bien el cuervo que llora y la piedra que llora se encontraran sería una conversación algo húmeda entre llorones pero se tendrán uno al otro para hacerse compañía.

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