De entrada se dió súbito el otoño que golpeo al follaje del sauce. Sin advenimiento, el frío le tumbó sus ganas de seguir brotando verde vida. Su corteza se endurece para no pasar penas, pero sus hojas se están cayendo ¿por qué?
Y por más intentos que el sauce hizo, con dolor dejó ir a su pequeña hoja de su frágil rama. Llorando ríos de savia le veo de lejos. Dios no quizó que siguieras creciendo, sauce, porque el crecer por ahora no vale la pena. Reposa, calienta tu tallo con el regocijo de tu madre tierra. Pero no olvides a tu hoja caída, que ha sido y será siempre parte de ti. Porque ella te dió de comer, ella te cuidó de los pájaros que quisieron hacer en tus sienes su nido; algunos lo lograron, pero date consuelo de hogar y refugio a los necesitados.
Mientras tanto, tus hojas, que llevan en parte tu esencia, caminan lejos de ti con ayuda del viento, se detienen expectantes de otros sauces que igualmente lloran, y se juntan a conversar con otras hojas amigas. Se aremolinan entre ellas, para darse calor en un suelo muy frío y sólo. Pero no perecen. Y juntas, hojas y polvo viajan lejos, para un día retornar a su sauce en forma de hojas nuevas, y contarle a sí mismo, árbol, qué ha sido del horizonte que, por lejos, no se asoma.
Y brota verde nuevamente con más ganas de cuidar su rama, y sonrie con el sol que la golpea destellante, pues su verde alegría se ve reflejada en la sombra que da a quien con ella se acoge. Y su memoria se guarda en memoria de cristal, que con todo otoño se aleja, pero en cada primavera regresa, para contarme, que ha sido de mi vida.
2 comentarios:
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le
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ll
s)
one
l
iness
e.e. cummings
Ya entendí tu mensaje Ick, que buena idea de Cummings, me gusta =)
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