ACTO I Los Vivos Asisten al Funeral del Muerto
"Compatriotas, mis queridos y estimados amigos, ante ustedes...un hombre, que hizo que la vida se tomara del chaleco por lo brusca y veloz forma en que él la vivió. Ante ustedes, un hombre que supo ganarse el pan de todos los días, trabajando, buscando, y rezando porque al final de cada uno otro más le siguiera, y mejor. No fue como ninguno de nosotros (algunos, en silencio, lloran), no fue como ninguno que ustedes hayan visto, vivido, presenciado caminar por las calles sucias de éste empobrecido lugar. Llorémosle pues porque ya se nos ha ido y volverlo a ver será imposible. Llorad, madres desconsoladas, habeis perdido un hijo, llorad, hombres de cantina, habeis perdido un amigo de juego."
Algunos asistentes pasaron directamente al área de comida, algunos nisiquiera conocían al occiso ¿qué habría de preocuparles? Un muerto más en un pueblo del que nadie se interesaba...¿y qué? Mejor iban por merienda gratis porque, extrañamente, los funerales no eran nada raro en aquel lugar abandonado.
"Los felices funerales" eran como se conocían a las muchas rachas de muertos inexplicables. De la noche a la mañana, el pueblo se llenaba de difuntos y veladoras y de viudas que lagrimeaban y moqueaban por doquier, como fuga de caño que nadie reparaba. Cualquiera que fuera el motivo: comida gratis, ponche gratis, mujeres gratis, los colados no faltaban, eran "de a gratis".
-!Sirvete otro, compadre, que al fin que es gratis! Y los canallas se empinaban las copas, las mejores que había encontrado la patrona viudita, por aquello de no quedar mal ante la socieda'. Porque el funeral, más que en tristeza, se transformaba en posada pal difunto. Si bien le iba, respetaban su caja de muerto y no la usaban como mesa pa' los platos.
Los cochinos y los pavos eran engordados con tiempo por aquello de que a las casadas les agarraran las prisas y se les viniera encima la temporada funeraria. Vaya evento que se armaba, sin esperarlo, eras la nueva sensación del pueblo, con fama y sin esposo y una harta multitud que alimentar. Qué diré de los vestidos, las ovejas eran trasquiladas día y noche con tal de que estuvieran hechos a tiempo y que...muy a pesar de ser un funeral, la mayoría de las ovejas en el pueblo fueran blancas. Nadie es perfecto, "de blanco al funeral, y de negro al altar" como algunos decían.
-¡Martina, Martina, que otro má' se ha muerto! ¡Vamos antes de que se acaben la enmolada! Se dejaba escuchar por el pueblo.
ACTO II El muerto asiste a recibir a sus invitados
-¡Pero qué sorpresa mi hermano! Tanto tiempo que no te veía, tan vivo que te ves. Siempre trucha mi compadre, si por eso es mi compadre ¿verdad compadre?
-¡Marianita! Pásale chiquita hermosa (Ni tan chiquita, uy mamá -pensaba). Que bien te acomodan los años, y que bueno que viniste ¿ya me fuite a saludar? Anda, Marianita, no seas descortés con tu padriiiino, si tanto que te quiero condenadota.
-Mi Rulooo, Sssss, que ha sido de la martita, carnaal! ¿me trajiste algun regalito? Qué va, si ni pal chupe soltabas, ¡cabrón!
-Mis estimados, para los que si me conocían, les quiero decir que los quiero requete-harto. Con esas ganas que sólo algunos podemos expresar. Y sé que no soy la persona más culta de este pueblo, ni la más querida...ni el más guapo, ni el más cumplidor, pero se les sabe querer, condenados, y si para algo me necesitan, nomas me hechan una rezada, y yo les caigo como de rayo ¡puritita, verdad! AIJUESU!
Son libres de servirse lo que gusten, mi mulata cocina como pa chuparse los dedos ¿que no? 'amos, coman pues, coman que se les enfría y si no se lo comen, las moscas se les vendrán encima, o qué ¿quieren verse como yo? Mírame, mija, tu padre ya está flaquito, un poco pálido, pero má' feliz de verlos a todos juntos, me cae.
Arrimensen, todos, que ya no cabemos, y traigan más pulque que se nos acaba. Melitón, lánzate por otra a la pistería, cóooorrele, güerote!
ACTO III Los Vivos son ahora los muertos, y el muerto es ahora el vivo
-!¿Por qué, virgénsita, por qué te los llevaste!? Tanta comida y yo tan solo, qué desperdicio, qué suplicio, mátame, virgensita, mátame que no puedo con tanta comida....(y el vivo, murió).
-¿Estamos muertos? Virgensita ¿qué culpa tuvimos nosotros? No hemos pecado (tanto) como para merecer la muerte, morenita nuestra, anda, regálanos otro día, tan siquiera para que el mole no se desperdicie, de favorsito, ¿no? (y los mueros, vivieron)
Nadie estaba conforme con su destino, los muertos querían vivir si los vivos no estaban para comerse el banquete, y los vivos querían vivir, si había suficiente comida.
El muerto se sentía feliz mientras sus invitados comieran, porque en "Los Felices Funerales", todo se trata en "pasarla bien". Felices funerales a todos, vivamos felizmente, que los muertos no nos esperan, sino después de comer.
1 comentario:
partner este desde que lo lei en el aeropuerto me encanto me absolutamente fascino!! increible!!!
creo que tendre que hacer una segunda recomendacion caray :)
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