lunes, 8 de diciembre de 2008

Tan sutil como pedo de Papa

Calma preciosa, tu cuerpo enroscado es presa de mis sábanas y no quieres salir. Te aterra perderte en lo profundo de mi ser, pero qué más da si no tienes alternativa. De hilo a hebra se va en quebrajos tu ropa. Tranquila, un respiro equivocado y podrías ser mía. Te encanta la idea. Ajá...nos vamos entendiendo, tu en lo tuyo y tu cuerpo en el mio, qué sabroso y divino. Como pan recien horneado me viste, calientito y esponjado, listo para comerse.

Veamos...un centímetro de ti y me sacio, pero no hay razón justa de poseer sólo uno, si hoy te puedo tener toda. Es tanto el placer que el desasociego me convence que debo comerte. Si las uñas habré de gastarme con tal de sentir tu carne y llegar hasta el punto exacto, del centro minúsculo, de la parte íntima, del espacio finito y exquisito de tu boca.

Ajá, sabes hacerlo bien. Te encanta, se nota. Puro sexo puro. Luego de tres horas, habrá que repetirlo otras tres más y no hay quien nos detenga. Tu misma lo dices: ...No...te...detengas... y yo hago caso a tu palabra. Me pides que sea sutil...sexo sutil a quien sexo sutil solicita.

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