Suele pasar, a veces, que los días se nos van como horas,
y son las horas las que me recuerdan el por qué de mi tristeza.
Son tantos los minutos que me paso recordando
y otros tantos los que desperdicio, los que, si a enteros nos vamos,
hacen todos: los días; pero uno me basta para entender
que las cosas aún siguen como antes.
Hoy realicé que no puedo vivir sin tu cariño,
y como antes, la existencia se me ve desperdiciada...
en volver a recorer los caminos de la vida
y a volver a tropezar en sus errados laberintos.
De eso me di cuenta ayer, cuando miré al cielo
y en él vi la luna creciendo, de amor, muriendo.
Suele pasar, en ocasiones, que las esperanzas se nos ven vacías;
nos las acaban las marchitas ilusiones de otros verdugos,
pero si han matado mi alegría, y es ella la que me renace,
es con ella con la que te veo cada día, como una nueva esperanza,
y aquí espero, a que de nuevo, con las horas, nazca el día.
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