martes, 2 de marzo de 2010

Las veces que me miras

Cuando tus ojos cruzan camino con los mios, benditos los segundos que nos rodean y benditos tus ojos que me miran por ahora. Las veces que me miras son a veces tan pasajeras que me molesta su vaciedad. Vienen y huyen como si me temieran. Si, son mis ojos los que quieren mirarte porque en ellos yace clavada tu imagen, labrada en la superficie de mi masa cerebral, a lo largo de los valles y mis comisuras.

Hablando de comisuras ¿has visto las de tu boca? Mis ojos las han visto y se cierran para capturar el momento, las registran y sueñan a veces, sobre todo cuando me encuentro solo. Esa soledad no es íntima mía cuando de tí se trata ¿sabías? No hay momento íntimo en la recámara del soltero si en mis sábanas resuenas y mi almohada huele a ti. ¿Cómo se vale el olvido de querer actuarse si no lo ayudas? Sea, pues, tu intención de estar siempre conmigo, tomados de la mano viendo pasar el tiempo pero no en vano. No son los recuerdos de lo que nos alimentamos, es el ahora entre tu y yo, aquí sentados que nos damos cuenta que lo que hemos tenido nadie más lo tiene, como en la intimidad de cuando estamos solos, juntos pero solos, de esas veces que se hace tarde y tienes que volver a casa.

Vuelves pero vuelves al día siguiente a inmiscuirte en mi mundo poeta, con nuevas palabras que vistan mi limitado horizonte. Son las sopresas que me envistes lo que hace alegre mi día y por esa razón te espero a que vuelvas para que me llenes con brios y los ojos, porque cuando me miras y mis ojos te miran no hay más que quieran estar observando.

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