Su nombre es Olivia Giovanna Silva Mijares, fue violada a los 13 años y fue cuando tuvo a su primera hija, a los 19 volvieron a abusar de ella, entonces nació la más pequeña. Ahora prefiere parejas mayores porque dice que no abusarán. Giovanna sufre de epilepsia convulsiva y tirada en la banqueta del centro fue como nos encontramos. Nos pidió que no la movieramos por el dolor que traía en el vientre que, para aliviarlo, se desabotonó su pantalón dejando ver su pantaletas rojas. Se oprimía con la mano izquierda su pubis como si de esa forma retuviera el dolor que parecía salirsele. Hugo le compró una Coca-Cola para aquellos del azúcar y Toño y yo la llevamos cargando hasta adentro del teatro sorteando carros de la avenida Juarez.
Olivia Giovanna nos dijo que hacía tiempo que no sufría de estos ataques pero por culpa de aquel muchacho que la engañó en Kesos y Kosas fue que se puso nerviosa. A Giovanna le mintieron ofreciéndole trabajo de cajera en Soriana, para lo que el muchacho le dijo que la acompañara a "nó-sé-qué-lugar", donde "tomándole medidas para su traje" fue como él le tocó "las chichis y aquí abajo" (como ella lo dijo). Quizá fue la necesidad de un trabajo, quizá fueron los $500 que le prometió le daría para regresar a su casa en Guadalupe. El único compun denominador fue su necesidad. DEspués de haber esperado más de 40 minutos a una ambulancia que nunca llegó, vimos que Giovanna se reincorporaba en sí y entonces le ofrecimos pagarle el taxi de regreso a casa. Nuevamente fue una aventura para encontrar a algún taxista que no tuviera finta de abusador lo cuál no fue tarea fácil, además de haber escuchado a Giovanna y al parecer ser ella un imán para gente mala.
Hay muchos otros detalles en la vida de esta mujer que desconozco. El haber sabido parte de su vida de forma involuntaria y tan voluntaria por su parte me hace pensar que es alguien con mucha falta de cariño. Sus dos hijas no viven con ella, su madre tiene la custodia. Su actual pareja tiene 69 años y se perdió por no esperarla afuera de aquel local. Sus únicas pertenencias que me encargó cuidarle fue su celular y la bolsa con salchichas que compró para hacer la cena.
La recuerdo bien: 27 años, tez morena, robusta, vistiendo una playera que regalan los candidatos para que votes por ellos (Yunnes), jeans y tennis. Ólía a madrea quemada y trazas de carbón. No es una mujer delicada tampoco sutil, es una mujer de vida dura porque así la han tratado.
1 comentario:
Desgarradora la anécdota.
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