jueves, 18 de febrero de 2010

Un café como pretexto

Tomaré como pretexto el encontrarnos, como siempre, en el café del centro, de aquella ciudad de Turquía que no especificaré para probar tu memoria. Tomaré, como te prometí, una de las mesas de afuera para que puedas alcanzar a percibir mi perfume. De por sí hay bastantes centros comerciales, espero no te confundas con el hecho de que mi visita imprevista y sin anuncio no te cause problemas con tu pareja. Sabes, el venir desde el otro lado de la tierra con el pretexto de hablar contigo me es más que suficiente, te eres mi más que suficiente y eso me halaga. Si recuerdas bien nuestros rituales, tomarás el metro a ciegas, a ojos cerrados y, contando con los dedos de las manos, llegarás hasta nuestro número favorito, darás vuelta a la izquerda luego a la derecha y, siguiendo el rastro de nuestros recuerdos, me hallarás sentado aquí con una silla vacía esperando que la ocupes.
Muchas historias nos ahogan la garganta. Dando las 4 de la tarde tomaré el próximo vuelo a México, donde no me espera nadie mas que mi perro. Lo extraño y amo tanto como te extraño y amo a ti. No es que haga comparativos pero es lo único que me queda antes de rendirme a la locura. Quizá el haber venido haya sido una tontería desde el punto de vista lógico; somos tantos en el mundo que hacernos de la vista gorda y esperar me encuentres, suena disparatado. Espero únicamente algún día poder encontrarte por ahi, creo sería más fácil que Turquía, uno nunca sabe.

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