sábado, 9 de abril de 2011

Tengo en la mano un deseo fuerte renuente a huir de mí. Tengo en el cuello un dolor grande que sube por la nuca y hace nidos con ramas de cabellos. Hace agujeros el ave de mi cabeza y piensa que mi cerebro es un lugar cálido para dormir.

Siento la desesperación de excederme pero el ejemplo me da la experiencia de no querer hacerlo porque no tiene salida, se hace una vez se hace otra vez y el despertar al día siguiente es horrible, te hace preguntar si lo que hiciste valió la pena y eso me sucedió tiempo atrás.

Hoy no entiendo cómo logré tan radical cambio pero de igual forma me asusta volverme un aburrido. Juego en el rango seguro de mi existencia pero me hace falta conocer a quien comparta mis obsesiones y se obsesione conmigo y me obsesione de sus obsesiones. Actualmente no conosco a nadie que entienda lo que hablo al 100%, y eso da tristeza. Sincero el decir que no quiero locuras a mi lado pero tampoco monotonías. Es un equilibrio justo y cruel que no se halla un sábado a la media noche en lugares de mala reputación. Ya no juego esa parte de mi persona. Ya no juego a ser un tonto.

1 comentario:

Gaby dijo...

Busca entre la gente silenciosa. Es la más sorprendente.