lunes, 10 de enero de 2011
Qué importa si vivo triste
Somos libres amor, de encontrar a quien nos quiera, porque fallar se nos hizo costumbre y lastimarnos el diario de nuestra comunión. Merecemos sonreir porque es tan fácil aunque parezca prohibido. No, esta vez no habrá lugar a amenazas de suicidio, eso quedó en mi pasado a los 15 y 23 años y a pesar que los ojos me pesen y me duelan me niego a caer en depresión nuevamente. No puedo, no quiero enfermarme porque desde que moriste enfermo es el único estado que conosco y aunque no conosca otra estadía mi mente me pide que deje irte porque mereces descanso, porque los amores muertos no reviven y no nos besan los labios. Porque ningún beso es suficiente ni más que los tuyos, ni los ficticios, ni los inventados, ni del momento ni los fortuitos o comprados, porque ninguno empañó el agrado ni tampoco una pizca de la fascinación que me provocas. Porque el error de creerse feliz por extraños no compensa ni un momento lo que vivimos, nada. Y con mi muerte pago la deuda y con dolor y con sangre y con desdicha constante me conformo vivir, pero sabes... merecemos ser libres porque nos falta encontrar perdón, que aunque se pida no se siente, ni el tuyo ni el mio y para entonces esa libertad no es más que una mentira. No dudo que encontremos quien nos quiera pero entiendo que nadie nos querra como un día nos quisimos. Por más que intentemos olvidarnos, yo no podre. Y me duele, otra vez. Y lloro, otra vez, y te extraño de nuevo, y no te importa, como siempre (/desde el día en que moriste/).
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