martes, 15 de junio de 2010

Con la misma mención que el tomar el sagrado sacramento, la hostia de Cristo, mi sueño se ve complicado y en una encrucijada del tomar mi píldora y el "vino" sabor plátano del cáliz de vidrio, vulgar vaso de cocina, para domar a las extrañas criaturas que hacen revuelo en mi cabeza. Malvadas criaturas que punzan con sus extrañas formas, alimentando mis ideas con veneno propio como el autosabotaje más perfecto, gemelo de una enfermedad autoinmune.

Creo así se define, en mi personal punto de vista, mi depresión. Falta el veredicto del médico éste sábado para saber si mi dosis de bebé madura a adolescente o le truncan el deseo y se queda en su blister y frasco marrón, gotero con droga.

Sin embargo, debo reconocer dos cosas: el producto consumido es hecho en México y que el sabor al menos es agradable, hasta da gusto probarlo, bastaría preguntarse si le tuvieron la delizadeza de añadirle saborizante o si la molécula como tal poseé ese sabor tan peculiar.

Bendito Clonazepam con sabor a fruta, misma que te lleva a relajarte y pensar, en el agobiante calor de Monterrey, a estar en una playa jarocha tomando la brisa, como si se tratase de un paraíso fingido. Gracias a mi antidepresivo y mi ansiolítico por 2 semanas de relajación.

(100610)

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