Creo así se define, en mi personal punto de vista, mi depresión. Falta el veredicto del médico éste sábado para saber si mi dosis de bebé madura a adolescente o le truncan el deseo y se queda en su blister y frasco marrón, gotero con droga.
Sin embargo, debo reconocer dos cosas: el producto consumido es hecho en México y que el sabor al menos es agradable, hasta da gusto probarlo, bastaría preguntarse si le tuvieron la delizadeza de añadirle saborizante o si la molécula como tal poseé ese sabor tan peculiar.
Bendito Clonazepam con sabor a fruta, misma que te lleva a relajarte y pensar, en el agobiante calor de Monterrey, a estar en una playa jarocha tomando la brisa, como si se tratase de un paraíso fingido. Gracias a mi antidepresivo y mi ansiolítico por 2 semanas de relajación.
(100610)
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